martes, 25 de agosto de 2009

EL SECRETO AZTECA

La ciencia ha puesto su ojo clínico en una planta cultivada en América desde la época de los aztecas: la chía (Salvia hispanica). Esta planta si bien tiene su origen en México y Centroamérica, hoy se cultiva en Argentina (más precisamente en la provincia de Salta). Desde un punto de vista nutricional, la semilla de chía contiene un 20% de proteína de alta calidad (eso significa que contiene importantes cantidades de aminoácidos esenciales), que la convierte en una alternativa proteica vegetal de altísimo valor nutritivo, económica y versátil.
La semilla de chía, junto al amaranto y la quinua (o quinoa), constituyeron los cereales americanos por excelencia durante la etapa precolombina. Pero a partir de la llegada del conquistador europeo a tierras americanas, dichos cereales se dejaron de lado y se impuso el trigo como fuente cerealera (a pesar de tener un menor contenido proteico).
La semilla de chía contiene mucílagos (con buena capacidad absorbente de agua) que es muy utilizada por la industria alimenticia como espesante. No obstante, el real valor de la chía en el tema grasas elevadas, radica en su riqueza en ácidos grasos poliinsaturados, como son los aceites Omega 3.
Caso curioso el de la medicina natural, que procura combatir las grasas con otra grasa, ya que los aceites Omega derivan de grasas polinsaturadas. Pero todo el mundo sabe que en nutrición, existen grasas “buenas” y “malas”. Pues bien, los aceites Omega 3 son precisamente dignos representantes de las grasas buenas, al disminuir de manera significativa los niveles de colesterol malo (LDL- colesterol) y triglicéridos elevados en la sangre, incrementando a su vez, los niveles de HDL-colesterol (el colesterol “bueno”), uno de los agentes protectores del corazón, que evitando taponamientos por ejemplo, en las arterias coronarias

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